De la “poética del gris” al
fascinante desgarro del expresionismo
María Fidalgo Casares
Doctora en Historia del Arte
2010
En estos tiempos, y más aún dentro de la figuración, es difícil mostrar una personalidad acusada. Todo está inventado, y por tanto, todo se ha pintado. Quizás por ello, es tan significativa la producción de Pedro Salto Bueno. Rasgos de identidad, y una calidad como pintor tan acreditado que explican que la Diputación de A Coruña le dedicase una de las monografías de “Pintores de la Diputación”. Colección que muy pocas veces se dedica a artistas vivos.
Pedro Bueno Salto (Coruña 1952) es un creador nato y autodidacta que ha cultivado y cultiva distintas facetas artísticas que ha ido sincronizando de forma simultánea: pintura, escultura, muralismo, dibujo, cerámica…
Esta muestra que presenta en el Torrente es una magnífica muestra de su producción, tanto por la cantidad de obras presentadas, que rozan el centenar, como por exhibir ejemplos relevantes de sus distintas parcelas temáticas, muy contrastadas pero complementarias. Toda una exposición antológica que es un magnífico reflejo de la trayectoria creadora de un artista de dilatada carrera.
Las vanguardias impresionistas
Bueno Salto como veremos abarca distintos géneros, aunque sobre todo se le conozca como paisajista. Es un ámbito en el que absorbe postulados de los últimos clásicos de la figuración, sobre todo de las primeras vanguardias impresionistas. Y aunque se le han atribuido distintas influencias de pintores gallegos, son Pisarro, Sisley, y los artistas urbanos parisinos de principios de siglo, la huella más epidérmica. Una presencia que raramente se atisba en los actuales artistas de Galicia y que, tamizada por su filtro personal, le hace poseer un estilo auténtico. Sin embargo, no siempre sigue esta línea estética y para determinadas parcelas temáticas– como veremos en la muestra ferrolana- se deja llevar por un furibundo expresionismo surrealista de brutal potencia expresiva, muy latente en “Puertas del Infierno”, que no puede dejar a nadie indiferente. Mantiene por lo tanto, poliédricas expresiones y planteamientos, dentro de su pulsión creadora.
En sus lienzos al óleo de técnica impresionista, el artista coruñés parece relegar el dibujo a un segundo plano, obnubilado por la potencia de su tratamiento del color que convierte a sus escenas en retazos visuales, instantes fugitivos, que el espectador percibe completamente únicos. La valoración del pigmento desvirtúa los contornos, pero sin embargo, la pericia del dibujo queda de manifiesto cuando el autor perfila con finas y marcadas pinceladas elementos, detalles, contornos que hacen “aterrizar” las composiciones en el mundo real. “Una realidad con dosis de irrealidad” que viene marcada por la complacencia del artista en dejar la impronta de su ejecución manual: el gusto estético por el “churrete”, por la superposición de efectos espatulares o incluso por manchas de posición aparentemente aleatoria. Unas composiciones en las que sabe integrar a la perfección estos terminados de cierto acabado, con fondos difuminados, casi en un proceso de deconstrucción de la propia composición.
Bueno Salto suele evitar también primeros planos o focos directos, y en relación a su tratamiento lumínico, huye de luces intensas, de escenas de mediodía y opta por interiores oscuros, atmósferas que predicen lluvia y en algunas obras llega a caer sin ambages en el tenebrismo. Pero no por ello sus obras irradian sentimientos negativos. La armonía es inherente a todas sus composiciones y es la que consigue que el gris no se identifique con un pesimismo que no es tal y evoque sensaciones de ensoñación y nostalgia que cautivan al espectador.
Algunos críticos han interpretado las densas y húmedas atmósferas de las pinturas de Pedro Bueno como determinación «psicológica” para transmitir estados de ánimo y expresiones del alma del artista. Consideramos que la belleza de sus obras no necesita ir aparejada de discursos que sí necesitan otro tipo de obras donde no hay dominio del oficio y necesitan mensaje para ser valoradas. Nada más y nada menos que testimonian la excelencia de la pintura, aunque vaya imbuida de un componente nostálgico, una hondura introspectiva asociada en su caso y de forma ineludible a la identidad espiritual de Galicia.
Diversa temática y estilos contrastados
Bueno Salto suele evitar también primeros planos o focos directos, y en relación a su tratamiento lumínico, huye de luces intensas, de escenas de mediodía y opta por interiores oscuros, atmósferas que predicen lluvia y en algunas obras llega a caer sin ambages en el tenebrismo. Pero no por ello sus obras irradian sentimientos negativos. La armonía es inherente a todas sus composiciones y es la que consigue que el gris no se identifique con un pesimismo que no es tal y evoque sensaciones de ensoñación y nostalgia que cautivan al espectador.
Algunos críticos han interpretado las densas y húmedas atmósferas de las pinturas de Pedro Bueno como determinación «psicológica” para transmitir estados de ánimo y expresiones del alma del artista. Consideramos que la belleza de sus obras no necesita ir aparejada de discursos que sí necesitan otro tipo de obras donde no hay dominio del oficio y necesitan mensaje para ser valoradas. Nada más y nada menos que testimonian la excelencia de la pintura, aunque vaya imbuida de un componente nostálgico, una hondura introspectiva asociada en su caso y de forma ineludible a la identidad espiritual de Galicia.
Pecados Capitales
Constituyen una extraordinaria serie dotada de una gran originalidad. Una vuelta de tuerca pictórica, compositiva, cromática y dimensional a lo que es su estilo predominante.
Cuando aborda lo grotesco, Bueno relega su clásico posimpresionismo para sumergirse en un deslumbrante expresionismo de vanguardia. Hay una síntesis del gran referente – las pinturas negras de Goya- sumado a influencias europeas tamizadas por la óptica de su propio estilo.
Las puestas en escena son descentradas, estudiados enfoques en los que la figuración brilla en espacios abstractos y geométricos, que provocan desazón en el espectador. Aúna forma-función de manera prodigiosa con lo que el carácter oscuro y de lo que quiere representar está plenamente conseguido. La introducción de desnudos en las escenas sirve al pintor no sólo como ingrediente narrativo, sino para exhibir su destreza en la representación de los cuerpos. Un factor transgresor por definición, aunque eterno ya que sus sensuales mujeres emparentan con clasicismo grecorromano. Además el artista, que como sabemos suele huir siempre de las gamas cálidas, en algunos de sus pecados emerge con una sinfonía de rutilantes rojos y naranjas que contrastan dramáticamente con los fondos oscuros. Las grandes dimensiones de estos lienzos, como hemos comentado, incrementan el impacto a la vez que producen una profunda inmersión del espectador en el argumentario creativo del autor.
Muy ligados a estos pecados capitales, aparecen sus series de aquelarres, carnavales y escenas grotescas. El tratamiento del carnaval también es expresionista y sombrío acercándose a la sensibilidad de Gutiérrez Solana. Procesiones trágicas como una identitaria Santa Compaña, pobladas de elementos ancestrales de este mundo oscuro: minotauros, brujas, seres deformes, arlequines junto a las mujeres desnudas ya citadas a las que dota de una gran voluptusosidad. Incluso en este panorama hay una incursión en el mundo religioso con “Pantocrátor”, tal vez un guiño al románico, el estilo más imbricado en la esencia de Galicia.
Esculturas
Muy reseñable, e íntimamente relacionada con su expresionismo pictórico, es su incursión en el ámbito escultórico. Para esta muestra ha seleccionado docena y media de piezas en barro refractario.
Salta a la vista que suponen el trasvase a las tres dimensiones de la parte más surrealista, expresionista e imaginativa de su pintura. Animales fantásticos conviven con arlequines, dioses, monstruos y monjes. Lo grotesco y lo deforme asoma en representaciones que combinan lo terrible con lo humorístico en una propuesta tragicómica. Perfectos modelados en los que la deformidad se presenta inherentemente unida a una elegancia que nos remite a resabios venecianos.
Si pudiéramos definir lo que aporta la muestra diríamos que es una excelente oportunidad de profundizar en el conocimiento de uno de los artistas más versátiles y auténticos del arte gallego actual. Y en la que el espectador, versado o aficionado, tendrá la oportunidad de disfrutar y complacerse en todas y cada una de las piezas. Si no se juzgara su obra en conjunto, no parecerían salidos de la misma mano estas obras de concepción cínica y valleinclanesca que fascinan y a la vez producen desasosiego, con sus románticos paisajes y bodegones. Cual dos caras de la moneda, ambas dimensiones conviven completando, equilibrando y magnificando la personalidad pictórica de Pedro Bueno.
Pedro Bueno Salto deja de manifiesto que tiene una pulsión creadora desbordante que rezuma un íntimo y clásico y nostálgico lirismo en sus paisajes, armonía y exquisitez en los bodegones, proximidad y cercanía en los retratos, y un brutal efectismo en su temática expresionista que extrapola a su interesante faceta escultórica. Además, y quizás lo más importante, exhibe la excelencia del oficio, del saber hacer, conjugando sensibilidad y creatividad con una espléndida ejecución. Unos valores que raramente suelen aparecer en una misma personalidad que podría resumirse en la danza pictórica de la “poética del gris” al fascinante desgarro del expresionismo.