En la serie “ Aquelarres”, puebla el ambiente de diablillos, cotorras, grajos, cuervos y brujas secuestradoras de niños; aparecen caretas que hablan de engaño y tradición ; en un plano superior, como aves de rapiña, ejercen su poder las meigas; sonríen junto al macho cabrío, gozosas ante reuniones de amores enloquecidos y deshonestos, donde se intuye el desenlace de esas orgias carnales en las que brincan cuerpos desnudos y se revuelcan sin pudor en la arena. El diablo, entre ellas, oculta su espíritu infernal.
Como en el teatro de Lorca, la mujer ocupa un puesto importante en esta temática como representación de la inocencia o la pasión elemental pura.
Cuerpos en apariencia lozanos se tienden sobre exteriores. La tendencia escapista de Bueno Salto va pareja a un estilo esteticista. Sus desnudos femeninos instauran un culto a la perfección formal. Son cuerpos clásicos, de líneas suaves, que lo vinculan al panasianismo, pero sin caer en un academicismo. Va mas allá de lo sensible. Las formas encierran, tras su apariencia, significaciones profundas.
Sus viajes a Italia le han permitido incorporar a su técnica mixta, a base de acrílicos, el pan de oro. Es una sustancia que, a la vez que le permite enriquecer su pintura, la engorda e inevitablemente nos traslada, como por un sendero dorado, a desvelar todo el hechizo del ocultismo gallego.
FATIMA OTERO