En su taller, Pedro Bueno crea una obra en técnica mixta de óleos sobre tabla donde dos ninfas estilizadas emergen entre veladuras. Sus figuras alargadas sugieren movimiento ritual, como si pertenecieran a un aquelarre suspendido fuera del tiempo visible.
La superficie vibra con contrastes y transparencias que envuelven a las ninfas en un clima enigmático. Sus gestos parecen convocar fuerzas antiguas, mientras la composición mantiene un equilibrio inquietante entre belleza, misterio y una energía latente difícil de nombrar.