En el Parque de Marte la mañana despierta clara sobre la casa de tejas rojizas mientras las farolas aún guardan su silencio. Dos figuras avanzan bajo el árbol oscuro compartiendo pasos tranquilos, envueltos en una luz fresca que inaugura el día.
El aire temprano respira quietud en cada rincón del paseo donde todo parece comenzar de nuevo. Las ventanas observan discretas y el banco vacío espera historias, mientras la luz suave se filtra entre ramas dibujando instantes serenos y luminosos.