En la playa de Sabón la mañana se abre luminosa sobre la arena húmeda mientras el mar respira en calma. Varias figuras caminan despacio dejando huellas breves que el agua borra con paciencia y rumor constante de espuma clara suave.
Las aves cruzan el cielo en trazos libres mientras la luz temprana pinta de azul y plata la orilla tranquila. Un perro corre de su dueño y el horizonte guarda promesas sencillas de días largos y memorias salinas que perduran.