En la pequeña plaza de As Xubias, la pintura de Pedro muestra personas observando el ferrocarril, bajo sol frío, sombras nítidas y atmósfera clara que combina espera, movimiento y vida cotidiana compartida.
Los trazos sueltos y las manchas luminosas construyen el paso del tren entre estructuras, mientras la luz define volúmenes y distancias, creando un instante donde el tiempo parece detenerse entre frío, tránsito y contemplación.